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Matanzas se enorgullese de sus poetas seguido alguno de los versos...
El Beso Su eternidad duró tanto que el polvo devino estrella; fue el silencio la mas bella palabra que dijo el canto. Se casaron fiesta y llanto, tuve lo azul de regreso cuando -mujer hasta el hueso- me pareció estar herida más que nunca por la vida y... simplemente era un beso. Su eternidad duró tanto que el polvo devino estrella; fue el silencio la mas bella palabra que dijo el canto. Se casaron fiesta y llanto, tuve lo azul de regreso cuando -mujer hasta el hueso- me pareció estar herida mas que nunca por la vida y... simplemente era un beso
Oliver Labra, Carilda
Me desordeno, amor, me desordenoMe desordeno, amor, me desordeno cuando voy en tu boca, demorada; y casi sin querer, casi por nada, te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno y con mi soledad desamparada; y acaso sin estar enamorada me desordeno, amor, me desordeno.
Y mi suerte de fruta respetada arde en tu mano lúbrica y turbada como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada, cuando voy en tu boca, demorada, me desordeno, amor, me desordeno.
Oliver Labra, Carilda
Última ElegÃa Yo podrÃa decir que estoy de primavera bajo un aire oloroso a luz definitiva, y podrÃa tapar la mirada bisiesta que se me está cayendo afuera de la vida; y ser de flor, de lluvia, de mariposa buena, semejante a este cielo cuidado por la brisa, a la ignorancia simple con que quiere una abuela, o a la salud del alba, que es casi campesina...
Pero me estoy llorando el corazón que llevo frente al hombre que tiene un poco de mi frÃo. Ya no puedo dormir con párpados violentos: él me espera despierto en la calle del vino.
Quizás debo acordarme de este color que tengo y debo ser más tibia que un rincón de olvido. Le diré blandamente con mi voz de febrero: Enséñame una llama que se apague distinto.
Y estaremos las noches que le falten al tiempo en el lugar humilde donde se acaba un trino; él, con la frente inútil que le puso el invierno, y yo, como un adiós sujeto en el vacÃo.
Oliver Labra, Carilda
Última ElegÃa: Al volver de distante ribera, con el alma enlutada y sombrÃa, afanoso busque mi bandera ¡y otra he visto además de la mÃa! ¿Dónde está mi bandera cubana, la bandera más bella que existe? ¡Desde el buque la vi esta mañana, y no he visto una cosa más triste..!
Con la fe de las almas ausentes, hoy sostengo con honda energÃa, que no deben flotar dos banderas donde basta con una: ¡La mÃa!
En los campos que hoy son un osario vio a los bravos batiéndose juntos, y ella ha sido el honroso sudario de los pobres guerreros difuntos.
Orgullosa lució en la pelea, sin pueril y romántico alarde; ¡al cubano que en ella no crea se le debe azotar por cobarde!
En el fondo de obscuras prisiones no escucho ni la queja más leve, y sus huellas en otras regiones son letreros de luz en la nieve...
¿No la veis? Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria, y en la cual resplandece una estrella, con más luz cuando más solitaria.
Del destino en el alma la traje entre tantos recuerdos dispersos, y he sabido rendirle homenaje al hacerla flotar en mis versos.
Aunque lánguida y triste trémola, mi ambición es que el sol, con su lumbre, la ilumine a ella sola, ¡a ella sola! en el llano, en el mar y en la cumbre.
Si desecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún dÃa... ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavÃa!...
Byrne, Bonifacio
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